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INMOVER:

Imagen y Nuevos Modos de Ver

Director: Gerard Imbert

Consideramos aquí las mass media como un espacio de visibilidad susceptible de ser analizado en términos figurativos, como una modalidad del discurso público. Este discurso público es una pieza fundamental del espacio público, espacio de la representación y de la comunicación social, que articula el debate público, en el que se plasma la identidad social y cristaliza el imaginario colectivo. 

La cultura de la imagen 
Con la cultura de la Imagen, este espacio sufre profundas mutaciones que introducen nuevos modos de ver y de percibir la realidad social. La saturación de imágenes y mensajes consagra la categoría del espectáculo y conduce a una hipertrofia de la representación y de las formas comunicativas (patente en el discurso audiovisual con sus respectivos códigos). A ello contribuye la imagen audiovisual que, en su dimensión televisiva, construye una representación de la realidad con un fuerte componente redundante (basado en la repetitividad y serialización de los mensajes) y una clara tendencia a la dramatización narrativa. Su alto grado de reflexividad contribuye a crear una realidad propia de los medios audiovisuales. Llamaremos hiperrealidad a esta realidad sui generis producida por los medios, que funda un espacio de lo hipervisible. 

Las mutaciones de los modos de ver 
Son patentes, en el discurso audiovisual de las últimas décadas, unas mutaciones irreversibles en los modos de ver, con el predominio de la representación icónica y una tendencia a crear “escenarios” (G. Imbert, 1992), que contribuyen a transformar la representación de la realidad en “espectáculo de realidad”. Tanto el discurso informativo (productor de la actualidad) como el discurso ficticio (productor de mundos posibles) se ven afectados por este proceso. Esto conduce a una hipertrofia del ver, que se traduce por una ampliación del espacio de visibilidad, hasta el extremo de diluir la frontera entre lo público y lo privado. 
Son perceptibles dos grandes evoluciones, que sugieren ricas y variadas aplicaciones metodológicas: una es el interés por todo cuanto remite a lo íntimo, a lo secreto (a temas tradicionalmente “invisibles”, excluidos de la representación pública), y la fascinación por el accidente y la muerte (por todo lo que reenvía simbólicamente a las figuras del desorden); estos fenómenos son patentes en lo que he llamado “la vuelta del suceso”, no sólo en el orden informativo sino también en los nuevos formatos televisivos de simulación de realidad basados en sucesos sacados de la actualidad en su vertiente anecdótica y/o íntima (actualidad “rosa”). El fenómeno de la neo-televisión (U. Eco, 1985) es revelador a este respecto. 

Discurso televisivo y construcción de la realidad 
Dentro de las aplicaciones, dedicaremos una especial atención al discurso televisivo como discurso paradigmático de la cultura del espectáculo. Nuestra hipótesis es que la comunicación audiovisual evoluciona en sus funciones sociales y deriva cada vez más hacia el entretenimiento y que esta evolución trae consigo una dilución de las fronteras entre géneros. Partiendo del concepto de neo-televisión, proponemos analizar la construcción de un nuevo modelo comunicativo, ampliable al conjunto del discurso audiovisual, con la peculiar representación de la realidad que ofrece. 
Son fundamentales, desde esta perspectiva, las mutaciones operadas también dentro de las funciones comunicativas: la prevalencia de las funciones evasivas sobre las propiamente referenciales, de la diversión sobre la información, y la tendencia del medio a construir su propia realidad. Este último aspecto, particularmente fecundo desde el punto de vista teórico, permite múltiples aplicaciones. Los campos a explorar son múltiples: desde la Teoría de la Información hasta la crítica de la comunicación de masas, pasando por el análisis del discurso aplicado a los diferentes medios de comunicación y mensajes sociales. 

Una reflexión aplicada
El cometido de esta investigación es compaginar planteamiento teórico y comprobaciones empíricas, pero siempre de manera inductiva, partiendo de la existencia de determinados discursos, mensajes y géneros, y aplicándoles una interpretación teórica global, fruto de una reflexión transversal sobre los fenómenos comunicativos, sin ningún a priori de orden jerárquico; esto es, considerando la comunicación de masa como un “hecho social total” (M. Mauss), cuyas manifestaciones discursivas - hasta las más triviales y aparentemente insignificantes - están cargadas de sentido (más o menos explícito, más o menos consciente) y que, como expresiones sociales, nos informan sobre la manera de percibir la realidad. Para nosotros, el discurso audiovisual, en sus traducciones cotidianas, es un potente revelador social y, como tal, un envite fundamental en la constitución de la identidad colectiva y en los mecanismos de control social.

El marco metodológico
La semiótica, como análisis privilegiado de las formas y - en su vertiente actual - de las formas sensibles de la comunicación, aparece como un instrumento adecuado para el análisis de los discursos audiovisuales. Concebimos aquí la socio-semiótica como una metodología capacitada para captar los cambios formales que se producen en el modelo comunicativo desarrollado por los mass media y exacerbado por la introducción de las nuevas tecnologías de la comunicación, en particular Internet, que amplia este espacio de visibilidad.
En diferentes aplicaciones metodológicas, hemos podido comprobar el carácter operativo de esta metodología, en especial en lo relativo al análisis del discurso informativo, en los medios escritos y audiovisuales y a la Teoría de la comunicación aplicada a los discursos audiovisuales, dentro de una interacción constante entre Teoría y aplicaciones docentes e investigadoras.
Este marco metodológico ha sido desarrollado de manera sintética en un artículo publicado en el número monográfico de la revista Anthropos, n¼186: Semiología crítica (Barcelona, 1999), coordinado por Manuel González de ávila, donde figuran artículos de T. A. Van Dijk, G. Imbert, E. Landowski, B. Muñoz; este número constituye un estado de la cuestión en torno a la semiótica social y en él hemos recogido nuestra experiencia en este campo a partir de los diferentes estudios aplicados realizados desde 1978.

Un espacio multidisciplinar
Las Jornadas organizadas desde 1999 sobre Cultura de la Imagen, centradas los dos primeros años en la televisión, ampliadas al cine en su tercera edición, constituyen un marco ideal para la confrontación científica y el intercambio interdisciplinar, contrastando nuestros análisis con la experiencia de los profesionales del medio.
Mediante la utilización de la videoconferencia hemos podido asociar otras Universidades e Instituciones (el consorcio europeo de televisión Arte, RTVE y canales privados de televisión educativa). La existencia de la revista Semiosfera, en su versión escrita y electrónica, así como la posibilidad de utilizar la videoconferencia, dentro del campus y en el marco de la Red de la Comunidad de Madrid, son instrumentos excepcionales de difusión de la labor docente e investigadora que ya hemos utilizado y que, en el futuro, conviene aprovechar al máximo.
Cabe aquí la posibilidad de publicar en Internet e Intranet trabajos de investigación y de fomentar foros de debate sobre los mismos. La colaboración con otras revistas virtuales, nacionales e internacionales, permitiría ampliar esta experiencia, abriéndola a otros ámbitos académicos.

Proyecto de investigación INMOVER

1- Descripción: Reflexión sobre el status moderno de la Imagen. 
Partiendo de su evolución en el tiempo y de los cambios en el actual régimen de visibilidad, en particular en el ámbito del discurso público y de la comunicación social, se trata de analizar las mutaciones introducidas en los modos de ver y de sentir y su incidencia en la representación de la realidad. 
Se hará especial hincapié en el status de la Imagen -particularmente de la imagen fotográfica, cinematográfica y televisiva, sin excluir expresiones artísticas- y en la influencia de la introducción de las nuevas tecnologías en la representación dela realidad. Se analizarán los procesos figurativos y plásticos (en sus dimensiones tanto artísticas como mediáticas) y los procesos simbólicos de construcción de la realidad en los lenguajes audiovisuales. 

2-Metodología. 
Consideramos aquí los procesos comunicativos como dispositivos formales que utilizan la imagen (en el sentido más amplio de la palabra, no sólo icónico sino también simbólico: imagen, imaginería - imagen de marca - e imaginarios) y que crean escenarios: proyecciones figurativo-simbólicas de estas imágenes - de sujetos y objetos - en la pantalla pública (discurso social, medios de comunicación: espacios de representación en fin). 

Dispositivos formales que integran las diferentes dimensiones de la comunicación discursiva que reconoce la semiótica: enunciativa, narrativa, semántica y figurativa (aunque ésta última podría englobar las tres primeras). Estos dispositivos, en el caso de la comunicación audiovisual, comportan soportes materiales (tecnológicos) y son, por ende, más fáciles de captar, pero son también de orden simbólico y se figurativizan en los modos de ver - en la importancia cada vez mayor de las formas: protocolos de presentación y escenificación del sujeto - y en el intercambio social, en el contrato comunicativo. 

Para darle más concreción a este planteamiento, retomaré aquí el esquema planteado en propuestas metodológicas anteriores (G. Imbert, 1983, 1988, 1990, 2000) y enriquecido desde entonces por una serie de estudios aplicados sobre el discurso informativo y la representación de los objetos sociales en el discurso social. En estos trabajos, partiendo del concepto de visibilidad, intentaba abrir el camino, desde un acercamiento figurativo de la comunicación social, a una socio-semiótica de los discursos sociales: aplicada en un primer momento al discurso informativo, ésta se fue ampliando luego a la representación formal de objetos y sujetos en el discurso audiovisual. Se trataba de “articular una semiótica de la acción discursiva (basada en la competencia/performance de los sujetos públicos) y una semiótica del intercambio que contemplaría, escribía entonces, la teatralización de la comunicación social” (G. Imbert, 1983), trabajando la articulación entre estructuras lógicas y narrativas. 

Con la crisis de modelos (ideológicos y simbólicos) es la noción misma de representación la que se ve cuestionada. Con el paso de modelos de intercambio simbólico a modelos comunicativos (de signos y señales, Baudrillard, 1976), los modos de saber se ven sustituidos por modos de ver, los sistemas informativos por sistemas performativos (que van instituyendo su propia realidad); la reflexión deja paso a la mostración, desmediatizando así el acceso a la realidad y convirtiéndolo en simulacro o efecto de realidad (efecto de directo, ilusión de transparencia), procediendo a una verdadera virtualización de objetos y sujetos. 

La originalidad de algunos planteamientos actuales - cada vez más frecuentes desde diferentes disciplinas - es analizar esta virtualización del ser y del hacer (y del hacer-ver) no en términos de “ocultación” de la realidad (como lo hicieran las escuelas materialistas), en nombre de una presunta verdad (la del dogma o de la Historia, poco importa...) sino como resultado de un régimen de saturación de las representaciones: una hiperrealización de lo real por una parte (que satura el espacio de la representación y es el causante de una deperdición sígnica), y una hipercomunicación (cibercomunicación hoy) que acelera y exacerba los procesos de comunicación redundando en una aprehensión cuasi simultánea del presente. Se reduce así más y más la distancia entre el hecho y su representación/comunicación, haciendo de ese “tiempo real” (producto virtual de las nuevas tecnologías y códigos de comunicación) un sustituto del tiempo objetivo. 

La semiótica - como disciplina cuyo fin último es el estudio de la producción social del sentido - no puede dejar de lado este doble componente de la comunicación moderna: la multiplicación de figuras del exceso, tanto en el hacer como en el hacer-ver; y la emergencia de fenómenos comunicativos más allá de lo funcional (e incluso a veces de cierta racionalidad); la irrupción de formas de intercambio que rompen con la lógica moderna, “cumulativa” y lineal, del intercambio. En este sentido el derroche de signos y mensajes propio de la cultura de masas podría analizarse como un potlatch comunicativo, es decir una forma improductiva de intercambio (G. Imbert, 1992). El “don de la nada” se titula gráficamente uno de los trabajos de Jean Duvignaud para referirse a esas formas no utilitarias de intercambio (la fiesta, el juego, la irrisión, etc.). Las figuras pasionales, las expresiones del pathos, las manifestaciones del exceso - todo cuanto escapa al determinismo de la racionalidad - entran en estas formas que la semiótica no puede ignorar. Por eso, tiene que salir de una cierta neutralidad, de la frialdad y rigidez metodológica, sin temer a ser interpretativa, a implicarse en los procesos de mutación simbólica.

Objetivos de investigación INMOVER

Reflexión teórica y práctica sobre la producción icónica y audiovisual contemporánea. Determinar, a través de los modos de representación, la proyección en las producciones audiovisuales, de nuevos imaginarios sociales, vinculados a lo que he llamado una “iconización de la cultura”: la construcción de una visión del mundo basada en la imagen (imagen icónica, imagen de marca), plasmada en unas imaginerías (imágenes recurrentes en torno a un mismo tema u objeto social, v. g. imagen de la mujer, de la violencia, etc), y alimentada por los imaginarios colectivos. 

Michel de Certeau fue seguramente uno de los primeros en captar esta mutación en los paradigmas del saber: el abandono de una postura dogmática (la obligación de creer en lo que no se veía) por una postura pragmática (la inevitabilidad de creer en lo que se ve). Calificándola de “pulsión óptica”, de Certeau describió brillantemente en “Arts de faire” (1980), esta confusión entre el creer y la cuestión de lo real que caracteriza la comunicación mediática, hasta construir lo que Baudrillard llamaría luego simulacros comunicativos. Confundiéndose la verdad con la representación, escribía de Certeau “el ver es identificado como lo que debe ser creído, aboliendo la función observadora (la lucha contra la credulidad, la desconfianza hacia las apariencias), adormeciendo la función crítica, reflexiva (el poner distancia entre sujeto y objeto)”. 

El régimen actual de visibilidad en cambio, está basado en la proxemia, en una ilusión de presencia, de intimidad; sueño que persigue actualmente la televisión (y lo logra de manera exacerbada en los reality shows), asentando unos modos de comunicación que van más allá de la simple representación de hechos. Lo mismo que en el código hiperrealista, la representación pictórica se sitúa más allá del realismo, aquí la saturación espacio-temporal nos proyecta en un espacio fantasmático, el del imaginario colectivo, de su demanda de intimidad, de su fascinación por las figuras del secreto, de su atracción por lo monstruoso. Intento, pues, de visibilización de lo invisible, que intenta figurativizar lo no-dicho. 

La mirada semiótica - esa mirada plural en cuanto a objetos y metodología por la que abogamos - no puede ignorar esa irrupción del pathos en el logos público que puede perturbar la lógica del sentido y situar el intercambio más allá de lo literal, en una lógica del simulacro, dentro de una permanente reconstrucción (o deconstrucción) de la realidad comunicativa con fenómenos de reapropiación (más o menos perversa), u olvido (más o menos deliberado)... 

Partiendo de la definición greimasiana de la figuratividad, proponemos aquí extender esta noción al terreno de la comunicación social. Para Greimas (1979), la figuratividad es la encarnación de un objeto sintáctico (en sintaxis narrativa: “objet de quête”, literalmente objeto de búsqueda); es una figura ligada a un componente semántico (objeto de valor); crea recorridos narrativos (la persecución/consecución del objeto) encarnados por un sujeto que se vuelve actor (con su anclaje espacio-temporal). Desde esta perspectiva la figuración es la actualización, a través de figuras semióticas, de los sujetos y objetos sociales de acuerdo con las dos funciones que hemos caracterizado así: la función especular, que define una semiótica de la acción discursiva y la función espectacular, que define una semiótica del intercambio, ambas constitutivas de una teatralización de la comunicación social. 

Hoy asistimos a unos nuevos modos de figuración: la mostración tiende a sustituirse a la representación, la simulación a la reproducción, dentro de unas mutaciones profundas en el régimen de visibilidad pública con la visibilización de objetos hasta hace poco vetados del discurso público. Un acercamiento formal a los discursos - a las figuras del discurso - se centraría, pues, en el concepto de visibilización, que nos permite superar la oposición entre las dos teorías canónicas de la representación: la realista que da una prioridad al ser, a la realidad objetiva (al objeto) y la idealista, que da prioridad a la conciencia (al sujeto). Como concepto operativo, la visibilización es una reformulación, en términos figurativos (de recorrido narrativo), de la oposición público vs privado, demasiado estática; permite dar cuenta de la porosidad existente actualmente entre ambas categorías y opera a dos niveles: el de la visibilidad de los sujetos y el de la figuratividad de los objetos. 

Se hará especial hincapié en: 
- el discurso informativo: la fotografía como “espectáculo de realidad”. Transparencia y opacidad en la representación fotográfica, “efecto de directo”, etc. 
- discurso social y nuevas “imaginerías” en torno a la mujer, al niño, o a la juventud y sus imaginarios. 
- Los “escenarios de la violencia” (G. Imbert, 1992): espectacularización del tema en el cine, el cómic, la canción y las expresiones de cultura urbana. 
- la evolución en la recepción de los mensajes audiovisuales y sus efectos, a partir de la noción de “contrato comunicativo”. 
- la evolución de la publicidad: de los productos a la marca, de la marca a la “publicidad que se anuncia a sí misma” (J. Ibañez, 1992). 

Duración del Programa: 
Hasta que la dirección del programa considere cumplidos los objetivos o agotadas las posibilidades del programa. Siendo ésta una reflexión-marco sobre la comunicación audiovisual, se pretende establecer el programa como permanente, dentro de las actividades del Instituto de Cultura y Comunicación del departamento de Humanidades y Comunicación (Universidad Carlos III de Madrid). 

Dirección del Programa y equipo: 
Gérard Imbert, con directores asociados según los campos y disciplinas. El programa tiene una vocación claramente interdisciplinar. Estará formado por profesores del departamento de Humanidades y Comunicación de la Universidad Carlos III y de otras Universidades especializadas en estos temas. Se invitará a un experto extranjero cada año. 
Una de las grandes orientaciones podría girar en torno a una reflexión sobre “Imagen y Representación” susceptible de crear un espacio realmente multidisciplinar: evolución histórica del “status” de la imagen, su uso tecnológico, pedagógico, su papel dentro del proceso de espectacularización de la realidad en los mass media, su utilización estética (cine, arte, vídeoÉ), el análisis semiótico, filosófico de lo “figurativo” como modo de representación, etc. 

Publicidad y Difusuón: 
Se utilizará el soporte de las Jornadas sobre Cultura de la Imagen (que se organizan cada año), la revista Semiosfera y la página web. Se contempla también la publicación de un número monográfico en una revista (Revista de Occidente, Archipiélago). Programa “La aventura del Saber” de RTVE con el que ya hemos colaborado. 

Antecedentes: 
Jornadas sobre Televisión organizadas a través del Instituto: noviembre 1999.- “Nuevos mitos y ritos televisivos (modos de ver / modos de seducir).” (textos de las ponencias disponibles en la dirección web del Instituto); diciembre 2000.- “La función social de la televisión en el nuevo milenio (entre Educación, Información y Diversión).”; Tema previsto para el 2001.- “La representación del conflicto y de la violencia en el cine y la televisión”; Otros temas.- La dilución de los modelos televisivos (Nuevos géneros y formatos); Posibilidad de ampliar la temática a la imagen fotográfica, electrónica, virtual, etc.