Uno de los diseñadores del robot, José Ignacio Albillo, dice que el trabajo fue arduo y que el grupo -compuesto por estudiantes de ingeniería electrónica e informática- tardó siete meses en conseguir un prototipo fiable y que minimizara los costes de ejecución. “Esbirro 2.0” no ha fallado en ninguna de las pruebas realizadas antes de la competición y en general, según Albillo, la investigación se realizó sin contratiempo. No obstante -explica- uno de los momentos de mayor tensión en el torneo fue la primera homologación. “Al comienzo no sabíamos qué pasaba, Esbirro no respondía como esperábamos, creíamos que un exceso de luz podría haber afectado a los sensores”. Sin embargo, el equipo superó las dificultades y todo terminó saliendo bien, comenta.
Este año el torneo se denominaba “Misión a Marte” y consistía en que los “microrobots” desarrollados por los estudiantes recolectaran muestras que podrían contener organismos vivos y que se representaban mediante rocas azules o rojas. De esta forma, los ejemplares se debían depositar en dos tipos de contenedores: uno estándar y otro refrigerado donde las muestras necesitan estar empaquetadas con hielo, representado por bolas blancas.