Uno de los retos de la ingeniería química es poner en contacto sólidos con gases para producir determinadas reacciones. Una alternativa es el lecho fluidizado, que consiste en un cilindro vertical con agujeros en la tapa inferior en el que se introducen partículas sólidas y aire a presión. De esta manera, las partículas sólidas se ‘suspenden’ adquiriendo un comportamiento muy similar al del agua hirviendo. La velocidad del aire es clave en este punto ya que de esto depende que los sólidos se comporten como un fluido. Con poco aire las partículas no se mueven, pero con mucho ocurre lo contrario, se arrastran todas.
Los lechos fluidizados tienen aplicaciones medioambientales de relevancia porque permiten la gasificación de biomasa para producir energía. Es decir, a partir de biomasa triturada se puede conseguir un gas combustible para la producción energética. Según una de las autoras del estudio, Mercedes de Vega, del Grupo de Ingeniería de Sistemas Energéticos del departamento de Ingeniería Térmica y de Fluidos de la UC3M “los lechos fluidos utilizados como reactores químicos permiten procesos de conversión más eficaces al trabajar con tasas de mezcla altas y altas tasas de transferencia de calor y masa”.
Esta fuente renovable tiene un gran potencial en España, especialmente en procesos de co-combustión, combustión directa y gasificación. Sus aplicaciones son principalmente industriales, susceptibles de ser usadas en motores para la producción de electricidad, en turbinas accionadas por gas, en procesos de secado, así como en la industria farmacéutica para el tratamiento de polvos.